Un grupo de hombres “fuertemente armados” abrió fuego contra la policía este domingo en un pueblo del norte de Kosovo, en Banjska, y mató a un agente. Poco después, el grupo asaltó un monasterio ortodoxo cercano, donde se atrincheró hasta última hora de la tarde. “Hemos retomado el control de esta zona, luego de varias batallas”, detalló el ministro del Interior de Kosovo, Xhelal Sveçla, que también informó de la muerte de tres de los asaltantes, además de la del policía. Tanto él como el primer ministro, Albin Kurti, culparon del ataque a los “criminales patrocinados por Serbia”. Acusaciones que rechazó el Gobierno de Belgrado. Se trata del primer caso de violencia regional en la zona desde mayo y ha vuelto a tensar la relación entre ambos.

El estallido de violencia comenzó cuando el policía asesinado patrullaba cerca de la frontera con Serbia; se dirigía a una carretera que al parecer estaba bloqueada, cuando su unidad “fue atacada desde varias posiciones con armas pesadas”, según un comunicado de la policía. Poco después, la diócesis ortodoxa serbia de Raska-Prizren alertó de que unos enmascarados, que conducían blindados, habían entrado por la fuerza en una iglesia cercana a Banjska. Varios sacerdotes y peregrinos quedaron encerrados en el templo.

“Hay al menos 30 personas fuertemente armadas. Son profesionales con experiencia militar y policial”, dijo Kurti, que describió al grupo como “terrorista”. “Quienes perpetran este ataque terrorista no son ciudadanos serbios de Kosovo corrientes, sino tropas respaldadas por el Estado de Serbia”, acusó el mandatario en la red social X (antes Twitter). Unas afirmaciones rechazadas por el presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, en una rueda de prensa a última hora de la tarde. Aunque admitió que los atacantes eran serbios, rechazó que su país estuviera involucrado en el incidente: “Este es uno de los días más difíciles para nuestro pueblo y nuestro país”.

Tras horas de encierro vigilado por la policía, el ministro Sveçla confirmó a medios locales que se había controlado la zona después de varios enfrentamientos en los que murieron tres de los asaltantes. Sveçla afirmó que fueron detenidas 10 personas. Dos de los atacantes, que vestían uniformes, estaban heridos. Además, informó de que la policía había descubierto una cantidad significativa de armas. Se trata de “un arsenal excepcionalmente grande, explosivos, uniformes, logística, alimentos y equipos para barricadas, que eran suministros para cientos de atacantes. Estaban preparados para amenazar la soberanía de Kosovo”, aseguró.

Justamente, la semana pasada se estancaron las conversaciones auspiciadas por la UE para intentar normalizar las relaciones entre Serbia y Kosovo, que se autodeclaró independiente en 2008. Desde Belgrado no se reconoce esa independencia, una postura compartida por otros miembros de la comunidad internacional, como España.

La UE afea a Kurti no haber creado en el norte una asociación de municipios de mayoría serbia, lo que les daría más autonomía. El 90% de la población de Kosovo, con 1,8 millones de habitantes, es de origen albanés. Sin embargo, en el norte la mayoría es serbia: unos 40.000 habitantes que viven repartidos en cuatro municipios: Mitrovica Norte, Zvecan, Zubin Potok y Leposavic. En noviembre de 2022, los alcaldes y concejales serbios de estas localidades dimitieron en bloque, al igual que centenares de funcionarios de la policía, la judicatura y la Administración general. En total, más de 500 dimisiones para reclamar la creación de la asociación municipal.

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Esa propuesta había sido acordada en 2013 por el Gobierno kosovar y el de Serbia con mediación de la Unión Europea. Pristina accedió al considerarla necesaria para encauzar su camino de ingreso en la UE. Pero en 2021, Albin Kurti, que culpa a Belgrado del fracaso de las negociaciones, se convirtió en primer ministro de Kosovo aupado en un argumentario nacionalista, que le ha impulsado a oponerse a la asociación de municipios serbios. Así, aprovechó la dimisión de los cargos locales para convocar nuevas elecciones en las cuatro localidades.

Los comicios se celebraron en abril con la oposición de los serbokosovares; la participación fue del 3,5%. A pesar de ese dato, y de la exigencia de la UE de repetir los comicios, Kurti defendió que los nuevos cargos debían tomar posesión. Lo hicieron el 26 de mayo con fuertes medidas de seguridad. Unos días después estallaron choques entre los serbokosovares y las fuerzas de paz de la OTAN destacadas allí (Kfor). Hubo varias decenas de heridos: más de 90 soldados de la Kfor y unos 50 manifestantes. Entonces, la Alianza decidió sumar 700 efectivos a los 4.000 ya desplegados en la zona.

Por otro lado, también en noviembre del año pasado, Serbia y Kosovo habían logrado un acuerdo sobre la denominada crisis de las matrículas, que también provocó turbulencias en la zona. Este conflicto tiene su origen en la prohibición de circular por Kosovo a vehículos con matrícula serbia con denominaciones vinculadas a las ciudades kosovares del norte. Tras las conversaciones, Belgrado se comprometió a dejar de expedir nuevas matrículas, mientras Pristina renunció a imponer multas a los vehículos que ya contasen con esas placas.

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