El año pasado, solo en España arrojamos a la basura 1.200 millones de kilos de comida ­–una media de 28,21 kilos por persona–, según el último informe del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). La cantidad asusta, pero, aun así, es un 6,2% más baja que el año anterior. Esto implica que el consumidor de hoy ha comenzado a actuar. En apenas dos años, se ha duplicado el número de personas que han tomado conciencia del problema, sostiene un estudio del Instituto de Investigación Capgemini.

El documento se basa en una encuesta realizada a 10.000 consumidores y a 1.000 ejecutivos de grandes organizaciones del sector, y está repleto de conclusiones reveladoras. Más del 90% de los encuestados prefiere marcas que reduzcan el desperdicio alimentario, seis de cada diez se sienten culpables por tirar la comida y las búsquedas en las redes sociales de métodos para prolongar la vida útil de los alimentos ha crecido hasta un 80% cada año.

Feas, sí, pero con todo su valor nutritivo. Frutas y verduras que a veces desecha el consumidor acaban en el vertedero por simple desprecio visual.ALEKSEI BEZRUKOV (Getty Images/iStockphoto)

Además de esta concienciación colectiva, existe una serie de factores que han contribuido a que hoy acabe menos comida en los cubos de basura. Entre ellos, la subida de precios de la cesta de la compra, los problemas en la cadena de suministro, la reciente pandemia y la preocupación por la sostenibilidad. Los recursos del planeta son finitos. Y ante un contexto de emergencia climática, sumado a una sobrepoblación mundial –la ONU prevé que, en 2050, hasta 9.700 millones de personas habiten la Tierra–, es urgente que ciudadanos y países adopten medidas para garantizar la supervivencia de las generaciones futuras.

Tanto la UE como España han puesto en marcha políticas encaminadas a combatir este asunto. Es el caso de la estrategia europea De la granja a la mesa, que incluye diferentes acciones para que los sistemas alimentarios sean justos, saludables y respetuosos con el medio ambiente. En nuestro país, el MAPA ha impulsado la iniciativa Más alimento, menos desperdicio, y la campaña Aquí no se tira nada. Ambas propuestas inciden en reducir el derroche de comida y en reaprovechar los productos que se desechan. Otra iniciativa reciente es la Ley sobre Pérdidas y Desperdicio Alimentario, que fomenta distintas actuaciones para evitar la pérdida de alimentos en toda la cadena de valor, desde la cosecha hasta el consumo final.

Eroski identifica los productos próximos a caducar con etiquetas de consumo rápido, que pueden alcanzar ofertas de hasta el 40% en algunos alimentos frescos

Esta concienciación colectiva se ha trasladado a algunas cadenas de supermercados. Es el caso de EROSKI, que lidera numerosas acciones a favor del desperdicio cero. Por ejemplo, identifica los productos próximos a caducar con etiquetas de consumo rápido, que pueden alcanzar ofertas de hasta el 40% en algunos alimentos frescos. Otra muestra del compromiso de EROSKI es su colaboración con diversas ONG a través de la donación de alimentos para colectivos necesitados. En el primer semestre de este año, la cooperativa ha evitado el despilfarro de 11.000 toneladas de alimentos, una cantidad que equivale a 34 millones de comidas, suficiente para alimentar a 9.417 familias en un año.

Nuevas tecnologías contra el desperdicio

En una sociedad cada vez más digitalizada, las nuevas tecnologías se han convertido en un aliado imprescindible para evitar que la comida termine en la basura. Existen numerosos proyectos tech a favor de una cadena de suministro más eficiente, lo que se traduce en mayor aprovechamiento de los recursos. La robótica ayuda a reducir la pérdida de alimentos y prevenir las plagas en los cultivos, la combinación de inteligencia artificial (IA) y big data impulsa la agricultura de precisión, el Internet de las Cosas (IoT) ya monitorea el estado de los alimentos y evita que se desechen, la tecnología blockchain garantiza la trazabilidad, la seguridad y la transparencia en el origen de la comida.

Varias 'startups' han desarrollado 'apps' de aprovechamiento de comida de numerosos establecimientos. Como Too Good to Go, asociada con Eroski.
Varias ‘startups’ han desarrollado ‘apps’ de aprovechamiento de comida de numerosos establecimientos. Como Too Good to Go, asociada con Eroski.Edwin Tan (Getty Images)

Decenas de startups lanzan cada año propuestas novedosas, con ideas que facilitan el reciclaje de alimentos, su recolección, la recuperación y eliminación de residuos, el almacenamiento y transporte… Algunos de estos proyectos cuentan con miles de usuarios, como la app gratuita Too Good To Go, que permite acceder a packs de alimentos (frescos y preparados) de numerosos establecimientos, entre ellos EROSKI, a precios muy económicos. Cada día, su red de supermercados prepara paquetes sorpresa con el excedente que ha tenido a lo largo de la jornada y los vende a través de la app por apenas 3,99 euros, aunque su contenido está valorado en torno a los 12 euros, lo que supone un ahorro de casi el 70%. Esta alianza ya ha ayudado a salvar 284.000 packs de comida, aunque los resultados globales son aún más espectaculares.

Desde el lanzamiento de la app en 2015, se han recuperado 250 millones de comidas, lo que ha evitado las emisiones de 625 millones de kilos de CO₂.

Otras aplicaciones dejan compartir comida gratis con vecinos y amigos, e incluso aprovechar los menús que sobran en los comedores de grandes empresas para servirlos por la noche en comedores sociales y albergues a colectivos vulnerables. Ideas en las que confluyen economía circular, comercio de proximidad, ahorro y tecnología.

También desde casa, con sencillas acciones domésticas, es posible contribuir a alargar la vida de la comida. Por ejemplo, comprar frutas de aspecto poco apetecible es más barato e igual de nutritivo. De hecho, EROSKI ya vende frutas y hortalizas feas (tan sanas, buenas y sabrosas como las demás) en determinados momentos del año a menor precio. Y existen muchísimas recetas de aprovechamiento para cocinar con sobras y evitar que comida que está en perfectas condiciones de consumo termine donde no debe, en la bolsa de la basura. Al fin y al cabo, todo vale. Nunca mejor dicho.