Las políticas de Trump sobre inmigración: ¿Frenan la contratación?

Por qué la ofensiva inmigratoria de Trump no impulsa la contratación

La premisa parecía sencilla: reducir la inmigración para abrir más oportunidades a los trabajadores locales. Sin embargo, los datos recientes muestran un panorama más complejo, con menor dinamismo laboral, salarios que crecen con más lentitud y una tasa de desempleo al alza. La relación entre migración, demanda y empleo dista mucho de ser una ecuación lineal.

A simple vista, la política migratoria impulsada durante la administración de Donald Trump podría interpretarse como una fórmula directa: si se reduce la cantidad de trabajadores extranjeros en el país, los empleadores se verán obligados a contratar a ciudadanos o residentes ya establecidos en Estados Unidos. Bajo esa lógica, menos competencia laboral implicaría más oportunidades y mejores condiciones para los trabajadores nativos. No obstante, la evolución reciente del mercado laboral sugiere que el funcionamiento de la economía es considerablemente más complejo.

Durante el primer año completo de esa estrategia reforzada en materia migratoria, el discurso oficial sostuvo que el crecimiento del empleo favoreció principalmente a trabajadores nacidos en Estados Unidos. Desde la Casa Blanca se afirmó que cerca de un millón de nuevos puestos fueron ocupados por trabajadores nativos, mientras que el empleo de personas nacidas en el extranjero registró una caída aproximada de 100.000 plazas, según datos del Departamento de Trabajo de Estados Unidos. La narrativa institucional subrayó que se estaba cumpliendo la promesa de priorizar a la fuerza laboral estadounidense.

Sin embargo, un análisis más amplio del contexto económico revela tensiones adicionales. A pesar de la reducción en la participación laboral de inmigrantes, la tasa de desempleo entre trabajadores nacidos en Estados Unidos no descendió como cabría esperar en un escenario de sustitución directa. Por el contrario, el desempleo aumentó hasta 4,7 % en enero, superando tanto el índice general como el correspondiente a trabajadores nacidos en el extranjero. Paralelamente, el crecimiento de las ganancias horarias promedio mostró una desaceleración respecto al año anterior.

Una disminución de trabajadores se traduce igualmente en una menor cantidad de consumidores

Uno de los factores clave que explica esta aparente contradicción es el efecto que la disminución de la inmigración tiene sobre la demanda agregada. Diversos análisis basados en datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos estiman que entre 200.000 y más de un millón de inmigrantes dejaron de participar en el mercado laboral el año pasado. Esta reducción no solo implica menos oferta de trabajo, sino también menos personas consumiendo bienes y servicios.

Economistas como Stan Veuger, del American Enterprise Institute, han destacado que cada trabajador que es desplazado o no logra incorporarse supone igualmente un consumidor menos. La economía no funciona en esferas separadas: quienes desempeñan un empleo también adquieren alimentos, pagan alquiler, se movilizan en distintos medios de transporte y requieren una amplia variedad de servicios. Cuando ese conjunto disminuye de manera notable, la dinámica empresarial puede verse afectada, lo que a su vez influye en las futuras decisiones de contratación.

En otras palabras, la disminución de la fuerza laboral extranjera puede traducirse en menor dinamismo económico general. Si las empresas perciben una caída en la demanda, su incentivo para expandirse o incorporar nuevos empleados se debilita. Así, la expectativa de que los puestos “liberados” sean automáticamente ocupados por trabajadores nativos no necesariamente se materializa.

Sectores donde la sustitución no es automática

La idea de que los trabajadores nacidos en Estados Unidos llenarían de inmediato los puestos que dejan los inmigrantes tampoco toma en cuenta las particularidades de cada sector. En ámbitos como la agricultura, la construcción o varios servicios, la necesidad de mano de obra extranjera ha sido tradicionalmente alta.

Un informe del Pew Research Center indicó que casi una cuarta parte de los trabajadores agrícolas en 2023 carecía de autorización formal para residir en el país. Este dato ilustra la magnitud de la participación migrante en determinadas industrias. Reemplazar a ese contingente no es una tarea inmediata, especialmente cuando las condiciones laborales —salarios, exigencia física o ubicación geográfica— no resultan atractivas para amplios segmentos de la población nativa.

Joe Brusuelas, economista jefe de RSM, ha señalado que la combinación de preferencias personales, formación académica y expectativas salariales complica una sustitución directa. Muchos trabajadores estadounidenses, aun cuando atraviesan periodos de desempleo, no suelen inclinarse por labores agrícolas intensivas ni por oficios manuales de gran exigencia. El mercado laboral, en consecuencia, no depende solo de que existan vacantes, sino también de la correspondencia entre capacidades, motivaciones y las condiciones que se ponen sobre la mesa.

El papel de la incertidumbre comercial

A la política migratoria se suma otro componente que ha influido en el desempeño del empleo: la política comercial. Los aranceles implementados durante la administración Trump, junto con la incertidumbre asociada a cambios frecuentes en tasas y condiciones, han afectado la planificación empresarial.

Investigadores de la Brookings Institution han señalado que la incertidumbre en el ámbito comercial puede frenar tanto la inversión como la creación de empleo. Cuando las compañías carecen de claridad respecto a los costos de insumos esenciales —por ejemplo, el acero o el aluminio sujetos a aranceles altos— suelen actuar con mayor cautela. Esa actitud prudente puede derivar en la suspensión de nuevas incorporaciones de personal o incluso en ajustes que impliquen reducciones de plantilla.

El sector manufacturero ha sido uno de los más impactados. Durante el último año, se registraron cerca de 100.000 despidos en esa área. El encarecimiento de materias primas y la postergación de pedidos por parte de clientes han generado un entorno complejo para la industria. En este contexto, la disminución de la inmigración no actúa como un estímulo suficiente para compensar las presiones externas.

La automatización y la inteligencia artificial como estrategia empresarial

Ante el aumento de los costos, la inestabilidad regulatoria y los retos de eficiencia, numerosas empresas han impulsado con mayor rapidez la adopción de tecnologías automatizadas, incorporando con más fuerza soluciones sustentadas en inteligencia artificial, un factor que también redefine el panorama laboral.

Empresas como Amazon han protagonizado rondas de despidos en los últimos meses, en paralelo con inversiones en sistemas automatizados. El fenómeno no es aislado. En el llamado “Libro Beige” de la Reserva Federal de Estados Unidos, distintas regiones reportaron que compañías de servicios tecnológicos y otros sectores estaban reconsiderando sus planes de contratación para evaluar alternativas basadas en IA.

La Reserva Federal de Boston señaló el caso de una empresa que pausó su expansión de plantilla ante la posibilidad de sustituir ciertas funciones con herramientas inteligentes. De manera similar, la Reserva Federal de Atlanta observó un uso cada vez más extendido de IA para optimizar procesos y gestionar la dotación de personal.

Este progreso tecnológico agrega un elemento extra a la ecuación, ya que, aun cuando ciertos cargos quedaran vacantes tras la partida de trabajadores inmigrantes, algunos empleadores podrían decidir automatizarlos en vez de incorporar nuevo personal, de modo que las transformaciones estructurales más amplias terminan modulando la relación entre inmigración y empleo local.

Un mercado de trabajo condicionado por diversos factores

El comportamiento reciente del mercado laboral estadounidense sugiere que la reducción de la inmigración, por sí sola, no garantiza mejores resultados para los trabajadores nativos. La interacción entre oferta y demanda, las condiciones sectoriales, la política comercial y la innovación tecnológica conforman un entramado complejo.

Aunque el debate político suele plantear el tema como una competencia directa por empleos, la dinámica económica revela una red de interdependencias. Los inmigrantes intervienen no solo como mano de obra, sino también como consumidores, emprendedores y aportantes de impuestos. Su presencia influye tanto en la capacidad productiva como en la demanda del mercado.

Además, el freno en la expansión de los salarios y el repunte del desempleo muestran que las presiones en el mercado laboral no se diluyen solo ajustando la disponibilidad de trabajadores, ya que las decisiones de las empresas se moldean por sus previsiones de crecimiento, la estabilidad del marco regulatorio y las posibilidades de innovación.

Discusión en curso acerca de las prioridades y sus impactos

La estrategia de priorizar a trabajadores nacidos en el país continúa siendo un eje central en el debate político estadounidense. Sus defensores argumentan que la reducción de la inmigración protege salarios y oportunidades. Sus críticos sostienen que la evidencia reciente no respalda plenamente esa afirmación y que los efectos colaterales pueden debilitar la actividad económica en su conjunto.

Lo cierto es que el mercado laboral estadounidense se encuentra inmerso en una fase de transformación impulsada por modificaciones de fondo. La convergencia de restricciones migratorias, fricciones comerciales y avances tecnológicos dibuja un panorama en el que las soluciones sencillas dejan de ser suficientes.

La experiencia reciente evidencia que el empleo no obedece a una simple relación aritmética. Restringir la llegada de trabajadores o expulsarlos no garantiza por sí solo mejores condiciones para quienes continúan en el país. La economía funciona como un entramado interdependiente donde oferta, demanda, inversión y tecnología se influyen mutuamente de forma constante. Captar esa complejidad resulta esencial para analizar con precisión cómo cualquier política pública repercute realmente en el bienestar laboral de la sociedad.

Por Johan J. Pirela

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