¿La mano más antigua del arte rupestre? Descubrimiento clave en Indonesia

La extraña figura de una mano en una cueva de Indonesia podría ser el arte rupestre más antiguo del mundo

Una reciente investigación científica vuelve a abrir el debate sobre cuándo y dónde surgió la primera expresión artística de la humanidad. Un sencillo gesto, repetido hace decenas de miles de años sobre la roca, hoy reescribe parte de nuestra historia cultural.

Un análisis difundido recientemente ha situado en primer plano una lejana cueva del sudeste asiático como posible escenario del que sería el arte rupestre más antiguo identificado hasta el momento. El descubrimiento, un contorno de mano elaborado con pigmento rojo, ha sido fechado con una edad mínima de 67.800 años, una marca que supera de forma contundente los registros aceptados hasta ahora y que obliga a reconsiderar muchas de las ideas asumidas sobre el surgimiento simbólico de la humanidad.

Durante décadas, el discurso predominante ubicó el origen del arte prehistórico en Europa, destacando ejemplos icónicos como las cuevas francesas y españolas analizadas desde el siglo XX. No obstante, en tiempos recientes, Indonesia ha adquirido un papel central como territorio esencial para desentrañar las primeras expresiones creativas de nuestra especie. Las cuevas de la isla de Sulawesi, en especial, se han transformado en un auténtico archivo natural cuyas representaciones vinculan a los antiguos humanos con entornos, prácticas espirituales y rutas migratorias hoy desaparecidas.

Un rastro de pigmento que desafía la cronología conocida

El nuevo estudio se enfocó en un conjunto de cuevas situadas en el sureste de Sulawesi, donde los investigadores examinaron numerosos motivos rupestres, incluidos varios esténciles de manos. Estas figuras, generadas al apoyar la mano sobre la roca y esparcir pigmento alrededor, representan una de las expresiones más extendidas del arte prehistórico. Su aparente sencillez, lejos de disminuir su relevancia, las transforma en un contundente reflejo de intención simbólica.

La datación del esténcil más antiguo se obtuvo analizando las costras minerales formadas con el paso del tiempo sobre la pintura, unas finas capas de calcio que, a menudo comparadas con “palomitas de maíz” de cueva, conservan señales químicas capaces de fijar una edad mínima de la imagen original; gracias a este método, los científicos concluyeron que la impronta de mano hallada en la cueva de Metanduno, en la isla de Muna, es considerablemente más antigua que otros ejemplos previamente documentados.

Este hallazgo no solo marca un récord inédito, sino que también indica que la actividad artística en esta zona no fue un hecho aislado. Más bien, revela la presencia de una tradición cultural sólida y milenaria que pasó desapercibida para la investigación moderna hasta tiempos muy recientes, y la reiteración de patrones semejantes en diversas cuevas fortalece la idea de un lenguaje visual común entre las comunidades prehistóricas.

Más que una marca: significado y comportamiento simbólico

A primera vista, un esténcil de mano podría parecer una manifestación sencilla, pero los especialistas destacan que su elaboración requiere una serie de decisiones deliberadas; la elección del sitio, la preparación del pigmento, la colocación de la mano y la realización del gesto revelan intención y transmisión de saberes, por lo que no corresponde a un acto fortuito, sino a una práctica dotada de significado cultural.

En el caso particular del hallazgo más antiguo, los investigadores advirtieron que los dedos habían sido alterados en algún momento, afinándose hasta mostrar una terminación puntiaguda. Esta modificación ha abierto la puerta a diversas interpretaciones. Algunos especialistas plantean que podría corresponder a una manipulación intencional, quizá con un propósito simbólico concreto, mientras que otros proponen alternativas más sencillas, como posibles movimientos involuntarios ocurridos mientras se aplicaba el pigmento.

Este debate es parte esencial del trabajo científico. Mientras algunos investigadores ven en estas huellas evidencia de comportamiento complejo y pensamiento abstracto, otros llaman a la cautela y advierten sobre el riesgo de proyectar significados modernos en gestos antiguos. Lo cierto es que, incluso en su ambigüedad, estas manos negativas revelan una relación íntima entre los primeros humanos y su entorno, así como la necesidad de dejar constancia de su presencia.

En comparación con otros descubrimientos, como una piedra con líneas grabadas hallada en África y datada en unos 73.000 años, las manos de Sulawesi muestran un rasgo distintivo: ofrecen una figura reconocible y ligada de forma inmediata al cuerpo humano, una relación que potencia su relevancia como una de las primeras expresiones visuales creadas con una intención comunicativa evidente.

Sulawesi y el mapa perdido de la humanidad

El impacto del descubrimiento va más allá del arte. La antigüedad de las pinturas rupestres de Sulawesi aporta nuevas pistas sobre uno de los grandes enigmas de la prehistoria: cómo y cuándo los primeros humanos llegaron a una vasta masa continental conocida como Sahul. Este territorio, hoy sumergido en gran parte, unía lo que actualmente son Australia, Nueva Guinea y Tasmania.

Durante la última glaciación, el nivel del mar se encontraba mucho más bajo, lo que permitió que amplias zonas de tierra permanecieran conectadas; aun así, llegar hasta Sahul exigía inevitables y complejas travesías marítimas. La existencia de arte tan antiguo en Sulawesi indica que esta isla pudo convertirse en un punto decisivo dentro de esa ruta migratoria, actuando como lugar de establecimiento y no únicamente como una parada transitoria.

Existen dos teorías principales sobre el recorrido que habrían seguido los primeros humanos rumbo a Sahul: una vía septentrional, que incluiría el tránsito por Borneo y Sulawesi, y otra meridional, que abarcaría Java, Bali y las Islas Menores de la Sonda. Hasta el momento, la información arqueológica disponible no permite validar de forma definitiva ninguna de las dos. Aun así, la datación antigua del arte rupestre en Sulawesi aporta un respaldo más sólido a la propuesta del camino norte.

Si los ancestros de los primeros australianos ya estaban en esta región hace unos 70.000 años, resulta coherente pensar que su llegada a Sahul ocurrió antes de lo que tradicionalmente se ha aceptado. Este escenario implica una capacidad de navegación avanzada para la época, así como una organización social capaz de planificar viajes largos y peligrosos entre islas.

¿Quién realizó las primeras representaciones de manos?

Otra de las cuestiones que el estudio deja abiertas es quiénes fueron los artistas. Aunque numerosos investigadores asignan estas creaciones a los primeros integrantes de Homo sapiens, no todos los expertos consideran posible sostener una conclusión tan rotunda. El sudeste asiático albergó diversas especies humanas, varias de ellas aún poco conocidas, como los denisovanos.

La posibilidad de que otras especies humanas hayan participado en la creación de este arte añade una capa adicional de complejidad al debate. Si así fuera, la capacidad simbólica y creativa no sería exclusiva de nuestra especie, sino una característica compartida por varios linajes humanos. Esta idea, aunque todavía especulativa, está ganando terreno a medida que nuevos descubrimientos amplían el panorama de la evolución cultural.

Desde esta perspectiva, las manos de Sulawesi no solo se interpretarían como expresión artística, sino también como una mirada a la amplitud de la diversidad humana ancestral, donde cada marca podría aludir no únicamente a una persona, sino a un entramado evolutivo mucho más amplio y complejo de lo que se creía.

Un enclave cultural que permaneció en el olvido por milenios

La cantidad y variedad de arte rupestre encontrada en Sulawesi refuerza la noción de que esta región fue un importante centro cultural durante decenas de miles de años. Además de las manos, las cuevas albergan escenas figurativas complejas, como representaciones de caza con personajes híbridos, mitad humanos y mitad animales. Estas imágenes, consideradas las narraciones visuales más antiguas conocidas, muestran un nivel de abstracción notable.

Lejos de ser un área periférica, Sulawesi se perfila como un lugar donde diferentes comunidades humanas se asentaron, compartieron conocimientos y dieron forma a expresiones artísticas perdurables, y la superposición de pinturas creadas en épocas diversas revela una continuidad cultural que logró mantenerse pese a transformaciones climáticas, geográficas y sociales.

El hecho de que algunas de estas cuevas también contengan pinturas mucho más recientes demuestra que el vínculo simbólico con estos espacios se mantuvo a lo largo del tiempo. Generaciones sucesivas regresaron a los mismos lugares, añadiendo nuevas imágenes y resignificando las antiguas.

Un descubrimiento que transforma la narrativa del arte

El descubrimiento del que podría ser el arte rupestre más antiguo del mundo obliga a replantear el relato tradicional sobre los orígenes de la creatividad humana. Ya no es posible sostener una visión eurocéntrica del nacimiento del arte, ni limitar la capacidad simbólica a un único momento o región.

Surge, en contraste, una visión más amplia y matizada, donde diversas comunidades humanas, pese a hallarse a enormes distancias entre sí, comenzaron a desarrollar expresiones artísticas desde periodos muy tempranos. De este modo, las manos de Sulawesi se integran en un amplio conjunto de indicios que revela al ser humano como una especie intensamente simbólica desde sus primeros tiempos.

A medida que surjan tecnologías más avanzadas para datar y explorar, capaces de desvelar secretos ocultos en cuevas y rincones remotos, es posible que el mapa del arte prehistórico siga cambiando. Cada descubrimiento no solo aporta una nueva referencia temporal o un récord adicional, sino que ensancha nuestra visión sobre quiénes somos y sobre cómo, desde épocas remotas, hemos sentido el impulso de dejar una huella en el mundo.

Por Johan J. Pirela

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